Cargas pesadas y difíciles de llevar

Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas (Mateo 23:4).

Era la última semana del ministerio terrenal de Jesús. Los líderes religiosos entre los judíos lo odiaban y lo perseguían. Aun así, Jesús mostró un valor admirable: no se escondió ni retrocedió ante sus enemigos. En este pasaje, se dirigió a la multitud y a sus discípulos para hablarles acerca de los escribas y fariseos.

Aunque sus opositores —endurecidos de corazón— lo escuchaban, el mensaje no era para ellos. Jesús hablaba al pueblo y a quienes lo seguían, advirtiéndoles sobre los escribas y fariseos.

Según William Barclay, el Talmud judío describe siete tipos distintos de fariseos, y seis de ellos eran malos.

– El fariseo de los hombros, que cargaba con sus buenas obras y su supuesta justicia como si las llevara a la vista de todos.
– El fariseo “ya casi”, que siempre tenía la intención de hacer el bien, pero encontraba una excusa para posponerlo.
– El fariseo herido o sangrante, tan “santo” que apartaba la mirada cada vez que veía a una mujer en público… y por eso iba chocando con todo y terminaba lastimado.
– El fariseo encorvado, que caminaba agachado y arrastrando los pies para que todos notaran lo “humilde” que era.
– El fariseo que lleva la cuenta, que anotaba cada buena acción y estaba convencido de que con ellas Dios le debía algo.
– El fariseo miedoso, que hacía el bien porque vivía aterrado de que Dios lo castigara si no lo hacía.
– El fariseo temeroso de Dios, que realmente amaba al Señor y hacía el bien para agradarle.

Si los propios líderes del pueblo judío podían reconocer tanta hipocresía entre los fariseos, no es de extrañar que Jesús también la viera y la señalara.

Uno de los mayores problemas con los escribas y fariseos era que ataban cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponían sobre los hombros de los demás. Las cargas que imponían contrastaban por completo con las que ofrece Jesús: Su yugo es fácil y su carga es ligera (Mateo 11:30). Estos líderes imponían cargas; Jesús las quita. Y para colmo, los escribas y fariseos ni siquiera vivían conforme a las exigencias que imponían a otros (ni con un dedo quieren moverlas).

Esta acusación contra los líderes religiosos de aquel tiempo bien podría aplicarse a muchos en la actualidad. Algunos enseñan como si el corazón del cristianismo fuera un conjunto de reglas pesadas, difíciles de cumplir. Seguir a Jesús tiene un costo real, pero la experiencia del creyente es, en esencia, una experiencia de liberación, no de opresión. Como cristianos, no debemos cargar con las imposiciones humanas que otros intenten poner sobre nosotros. Vivimos en la libertad que Cristo nos ha dado.

Camina en libertad. No aceptes cargas religiosas hechas por el hombre, y tampoco se las impongas tú a los demás.

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Categories: Devocional Semanal
David Guzik:

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