Cuando Jesús toma la iniciativa

 Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda. Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo. Y era día de reposo aquel día (Juan 5:8-9)

Los restos del estanque de Betesda (Juan 5:1-9) se encuentran hoy en Jerusalén, al norte del monte del templo. Las excavaciones han confirmado que tenía cinco pórticos, tal como lo describió Juan (Juan 5:2). Alrededor de este estanque se reunía una multitud de personas afligidas, que esperaban que un ángel descendiera y agitara las aguas, convencidas de que el primero en entrar después de ese movimiento sería sanado. No sabemos si esa promesa era real o simplemente una tradición cargada de esperanza; aun así, la gente creía en ella.

Al llegar a un pozo fuera de Sicar, Jesús envió a sus discípulos al pueblo a comprar comida. Cuando ellos se fueron, tuvo una conversación sorprendente con una mujer samaritana. En otro momento, Jesús le hizo al paralítico una pregunta poco común: “¿Quieres ser sano?” (Juan 5:6). Sabía que no toda persona enferma desea ser sanada, y que algunas están tan desanimadas que han perdido toda esperanza. Estaba tratando con un hombre cuyo corazón quizá estaba tan marchito como sus piernas. Por eso, primero buscó restaurar su fe.

A veces pensamos que, por difícil que sea nuestra situación actual, siempre podría ser peor. Esa forma de pensar puede hacernos sentir más cómodos en nuestra miseria presente que dar pasos valientes que nos lleven a la libertad.

Pero el relato de Juan deja claro que el hombre sí quería ser sanado. Su respuesta (Juan 5:7) fue, en esencia: “Sí, quiero ser sanado, pero no veo cómo podría suceder”. En su comentario sobre Juan, Calvino describió así la respuesta del paralítico: “El enfermo hace lo que casi todos hacemos. Limita la ayuda de Dios a sus propias ideas y no se atreve a esperar más de lo que alcanza a imaginar”. Es muy fácil caer en esto. J. B. Phillips escribió un libro conocido sobre este problema, titulado Tu Dios es demasiado pequeño. Muchos forman en su mente un dios pequeño, un dios imaginario limitado de muchas maneras, muy distinto del Dios real que reina en los cielos y que no está sujeto a esas limitaciones.

Jesús simplemente le dijo a este hombre: “Levántate, toma tu lecho, y anda”, y el hombre lo hizo. Le pidió hacer algo que no podía hacer; sin embargo, cuando respondió —de alguna manera—, el paralítico pudo hacerlo milagrosamente.

Nadie diría que el hombre se sanó a sí mismo. En este milagro, Jesús tomó la iniciativa. Aquí no puede decirse lo que Jesús dijo a muchos otros: “tu fe te ha sanado” (como en Mateo 9:22).

En el estanque de Betesda, Jesús tomó la iniciativa e hizo la obra. ¿Responderás cuando Él tome la iniciativa en tu vida hoy? Pídele a Jesús la fuerza y la gracia para seguirle a donde Él te guíe. Pero primero, decide que por su gracia serás libre y no aceptarás tu dolor actual solo porque te has acostumbrado a él.

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Categories: Devocional Semanal
David Guzik:

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