Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas (Juan 10:11)
Fue una declaración hermosa, y Jesús la expresó con tanta claridad que no dejaba lugar a dudas sobre lo que quería decir. Jesucristo encarna ese ideal de cuidado pastoral por el pueblo de Dios que aparece en el Antiguo Testamento y también en la cultura en general. Como el buen pastor, Jesús contrasta con el “ladrón” (Juan 10:10) y el “asalariado” (Juan 10:12-13), que no se preocupan por las ovejas, sino por sí mismos.
Lo que Jesús describe como un buen pastor es, en realidad, algo extraordinario. Un pastor puede llegar a arriesgarse por la seguridad de sus ovejas, pero es raro encontrar uno que esté dispuesto a morir por ellas.
Como el buen pastor, Jesús su vida da por las ovejas. Es interesante notar que el verbo da está en presente; Jesús dijo da, no dio. Esto nos deja ver que no fue solo algo que hizo en un momento, sino que sigue dando continuamente por su pueblo y a su pueblo. Entregar su vida en la cruz fue la expresión más grande de ese dar, pero Él sigue dando mientras vive e intercede por ellos desde el cielo (Hebreos 7:25).
El buen pastor no se limita a dar su opinión, ni a ofrecer consejos útiles, ni solo a animar. El buen pastor su vida da por las ovejas. El mal pastor no las defiende y piensa que el rebaño existe para su propio beneficio; en cambio, el buen pastor vive y muere por el bien de las ovejas.
– El buen pastor se sacrifica por las ovejas (su vida da).
– El buen pastor conoce a sus ovejas (conozco mis ovejas, Juan 10:14). A veces pensamos que todas las ovejas son iguales, pero el pastor sabe que cada una es distinta, con su propia forma de ser.
– El buen pastor es conocido por sus ovejas (y las mías me conocen, Juan 10:14).
Hoy, un pastor fiel, como alguien que sirve bajo la autoridad de Jesucristo, refleja estas mismas características del buen pastor. Se sacrifica por las ovejas, las conoce y también es conocido por ellas. Es un verdadero pastor, no un asalariado que no se interesa por las ovejas. Ningún pastor puede vivir esto al mismo nivel que Jesús, pero sí puede reflejar el corazón y el propósito que Él mostró como el buen pastor.
El título pastor proviene de la misma palabra antigua que se usa aquí. Es un título que se gana con la vida; no se otorga ni se asume sin más. Nadie puede simplemente decir que es un verdadero pastor del pueblo de Dios. Tiene que demostrarlo con su corazón y con sus acciones, siguiendo el ejemplo del buen pastor, Jesucristo.
No todos tienen el llamado de ser pastores del pueblo de Dios. Pero todos —incluso los que son pastores— necesitan un pastor: necesitamos que Jesucristo sea nuestro buen pastor. Recibe lo que Jesús ha dado y sigue dando a su pueblo.
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