El pobre hombre rico

Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme. Oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones (Mateo 19:21-22).

Un hombre se acercó a Jesús y le preguntó: “¿Qué cosa buena debo hacer para tener vida eterna?”. Creía que entrar al cielo dependía principalmente de hacer algo, así que quiso saber qué “buena obra” debía realizar.

A este hombre se le conoce como “el joven rico”. Mateo, Marcos y Lucas dicen que era rico. Mateo añade que era joven (Mateo 19:22), y Lucas (Lucas 18:18) señala que era un principal, es decir, alguien con autoridad.

Jesús le dijo finalmente qué debía hacer: vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme. El llamado a dejarlo todo para seguir a Jesús era un llamado a poner a Dios en primer lugar. Jesús lo estaba invitando a obedecer plenamente la primera parte de la Ley: aquella que regula la relación entre el ser humano y Dios.

Podemos cometer dos errores al interpretar la respuesta de Jesús. El primero es pensar que aplica a todos. Jesús nunca dio este mandato como una regla general para todos sus seguidores. Fue un llamado específico a este joven, cuyas riquezas claramente se interponían en su discipulado. Muchos creyentes con recursos pueden hacer más bien si continúan generando ingresos y los usan para la gloria de Dios y el bienestar de otros.

El segundo error es pensar que no aplica a nadie. La realidad es que hay personas para quienes lo mejor, espiritualmente hablando, sería renunciar radicalmente al materialismo que las está destruyendo.

Sin embargo, observamos que Jesús simplemente le dijo: “Sígueme”. Usó un lenguaje similar al llamar a muchos de sus discípulos (Mateo 4:19; 8:22; 9:9; Marcos 2:14). El llamado era claro: ser su seguidor. Pero, para este hombre, eso implicaba renunciar a las riquezas a las que había entregado su corazón.

Y él se fue triste, porque tenía muchas posesiones. En esto, el joven rico fracasó por completo: el dinero se había convertido en su dios, y era culpable de idolatría. Por eso Jesús, que conocía su corazón, le pidió que renunciara a sus bienes.

El principio sigue vigente: Dios puede pedirle a una persona que renuncie a algo por causa de su Reino, aunque a otro creyente sí se lo permita. Hay quienes se pierden porque no están dispuestos a dejar aquello que Dios les ha pedido entregar.

El joven rico tenía mucho a su favor: juventud, riqueza e influencia. Sin embargo, sabía que nada de eso lo satisfacía por completo y por eso acudió a Jesús con su pregunta. Lamentablemente, no estuvo dispuesto a ponerlo en primer lugar y se fue con tristeza… y con las manos vacías.

No seas como este pobre hombre rico.

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Categories: Devocional Semanal
David Guzik:

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