Una parábola sobre la gracia

Él, respondiendo, dijo a uno de ellos: Amigo, no te hago agravio; ¿no conviniste conmigo en un denario? Toma lo que es tuyo, y vete; pero quiero dar a este postrero, como a ti.  ¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío? ¿O tienes tú envidia, porque yo soy bueno? (Mateo 20:13-15)

Esta es una de mis parábolas favoritas. Jesús relató la historia de un dueño de viña que contrató trabajadores en distintos momentos del día. Algunos laboraron doce horas, otros ocho, algunos cuatro, y unos pocos solo un par de horas. Al llegar la hora del pago, el dueño comenzó con los últimos y les dio el mismo salario que a quienes habían trabajado toda la jornada. A cada uno le pagó el jornal completo, sin importar cuántas horas hubiera trabajado.

¿Por qué? Porque así lo quiso.

Los que habían trabajado desde temprano comenzaron a murmurar contra el padre de familia. Aunque recibieron exactamente lo que se les prometió, no les agradó que el dueño fuera tan generoso con quienes habían trabajado menos.

Es fácil comprender su molestia: mientras unos estaban desocupados, ellos trabajaron; mientras algunos se refugiaban del calor, ellos soportaron toda la jornada. Y, al final, todos recibieron lo mismo.

Pero el dueño les recordó que había actuado con justicia. No les falló ni incumplió lo acordado. No dio largas explicaciones; simplemente dijo: “es lo que quiero”. Su generosidad no respondía a lo que otros hubieran hecho, sino que brotaba únicamente de su propia voluntad.

Con esta parábola, Jesús respondió a la pregunta que Pedro le había hecho: “Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. ¿Qué recibiremos entonces?” (Mateo 19:27). La respuesta fue clara: habría recompensa para los discípulos, pero no debían sorprenderse si, al momento de repartirla, Dios elegía bendecir a otros de maneras inesperadas.

Ese es el corazón de la gracia: Dios da y recompensa conforme a su voluntad, no según lo que las personas creen merecer. El dueño de la viña no actuó con injusticia hacia nadie, aunque fue especialmente generoso con algunos. Dios jamás será menos que justo, pero se reserva el derecho de ser más que justo cuando así lo desea.

Es verdad que esta parábola no refleja de forma perfecta la gracia de Dios, ya que todavía presenta ideas de trabajo y recompensa. Sin embargo, la gracia no consiste en recibir más de lo que merecemos, sino en ser bendecidos sin merecerlo.

Vivir bajo la gracia puede ser un arma de doble filo: no podemos acercarnos a Dios diciendo “creo que merezco algo mejor”, porque Él podría responder: “¿De verdad quieres que te trate según lo que mereces?”.

No resientas el derecho de Dios a dar y recompensar como le plazca. Su plan de gracia es glorioso.

Haz clic aquí para leer el comentario de David sobre Mateo 20

Categories: Devocional Semanal
David Guzik:

© Copyright 2018 - Enduring Word       |      Site Hosted & Maintained by Local View Marketing    |    Privacy Policy