Descalificados como discípulos



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Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo (Lucas 14:27)

Anteriormente, en Lucas 14, Jesús explicó mediante una parábola que entrar en el reino de Dios es como aceptar una invitación (14:16–24). Eso es cierto, por supuesto. Pero el reino de Dios es más que recibir una invitación: también implica un costo. Ese costo no nos gana la invitación; es la consecuencia de haberla aceptado.

En este contexto, Jesús dijo algo radical sobre lo que significa ser su discípulo. Al decir “El que”, no dejó a nadie fuera, y lo dijo ante grandes multitudes (14:25), para mostrarles que ser su discípulo implica algo más que simplemente aceptar una invitación.

Jesús fue claro: quien quiera ser su discípulo “lleva su cruz y viene en pos de mí”. Con estas palabras, habló a las multitudes de la misma manera en que antes se había dirigido en privado a sus discípulos (Lucas 9:23): seguir a Jesús es cargar una cruz.

Aquellas palabras debieron horrorizarlos. Cuando Jesús habló de cargar una cruz, todos sabían exactamente a qué se refería. En el mundo romano, antes de morir en una cruz, el condenado debía cargarla —o al menos el madero horizontal— hasta el lugar de la ejecución. Los romanos no se limitaban a colgar a alguien en una cruz; primero le colocaban la cruz encima.

Cargar una cruz siempre conducía a morir en ella. Nadie cargaba una cruz por diversión. Para quienes escucharon por primera vez estas palabras, la cruz no necesitaba explicación: era un instrumento implacable de tortura, muerte y humillación. Quien tomaba su cruz no regresaba; era un camino de ida sin vuelta.

Jesús dijo su cruz, no “la cruz” ni “una cruz”. La idea es que hay una cruz para cada persona, y que la manera en que uno vive esa carga no necesariamente se ve igual en otros.

Con esa cruz, el discípulo sigue a Jesús: viene en pos de mí. Jesús mismo iría delante, cargando su propia cruz; el discípulo no hace más que seguirlo.

Así de simple es seguir a Jesús. Él cargó una cruz, y sus seguidores también la cargan. Él caminó hacia su propia muerte, y ese mismo camino recorren quienes deciden seguirlo.

Vale la pena considerar con cuidado estas palabras de Jesús. Quien rechaza la cruz no puede ser su discípulo. Él fue claro: solo quienes cargan la cruz pueden serlo. Por eso, a veces presentamos el evangelio suavizando lo que Jesús pide, como si venir a Él fuera solo creer ciertas cosas, y no rendirle la vida entera.

Tanto entonces como ahora, entendemos que Jesús hablaba usando una imagen con gran significado. Nuestra cruz no es un pedazo literal de madera; es aquello por medio de lo cual Dios nos llama a morir a nosotros mismos y rendirnos a Cristo. Quienes rechazan su cruz quedan descalificados como discípulos.

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Categories: Devocional Semanal
David Guzik:

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