Fieras salvajes y ángeles servidores

Y luego el Espíritu le impulsó al desierto. Y estuvo allí en el desierto cuarenta días, y era tentado por Satanás, y estaba con las fieras; y los ángeles le servían (Marcos 1:12-13).

Mateo, Marcos y Lucas relatan la tentación de Jesús, pero Marcos añade al menos un detalle que los otros evangelios no mencionan. Esto ocurrió después de la impactante manifestación del Espíritu Santo en su bautismo. La acción del Espíritu en Jesús fue llevarlo —o mejor dicho, impulsarloal desierto.

Como es característico en el Evangelio de Marcos, se usa la palabra luego, una expresión que aparece con frecuencia a lo largo de su relato y que transmite un sentido de inmediatez. Marcos presenta a Jesús como un hombre de acción, que no pierde el tiempo.

Jesús estuvo en el desierto cuarenta días, y era tentado por Satanás. Después de identificarse con los pecadores a través de su bautismo (Marcos 1:9-11), ahora se identificaba con ellos en sus tentaciones(Hebreos 4:15). En la Biblia, el número cuarenta —como en estos cuarenta días— suele representar un tiempo de prueba o juicio. En el diluvio, llovió cuarenta días y cuarenta noches. Israel vagó por el desierto durante cuarenta años. Moisés pastoreó ovejas en el desierto también durante cuarenta años. Ese fue el número de días en que Jesús fue probado.

Durante ese periodo, Jesús fue tentado por Satanás. Mateo y Lucas mencionan tres tentaciones específicas y cómo Él respondió a cada una apoyándose en la palabra de Dios. Marcos, en cambio, nos muestra que Jesús enfrentó mucho más que esas tres: todos esos días fueron un tiempo continuo de prueba.

También añade un detalle significativo que no aparece en Mateo ni en Lucas: durante esos cuarenta días, Jesús estuvo con las fieras. Según un comentarista, la gramática original pone el énfasis en la palabra “con”, lo que sugiere que había armonía entre él y los animales salvajes. Esto nos muestra al menos dos cosas:

Jesús es presentado como el segundo Adán. Así como Adán, antes de la caída, vivía en armonía con los animales, Jesús también mantenía una relación pacífica con todas las criaturas, incluso con las más salvajes.
Jesús permanece como el hombre sin pecado, sin caída. A pesar de la tentación, conservó su autoridad sobre el reino animal. Incluso las fieras reconocían en Él la imagen perfecta de Dios y rendían respeto al Hijo de Dios.

Jesús no solo estuvo entre animales salvajes en el desierto, sino también acompañado por ángeles que vinieron a servirle (como también lo menciona Mateo 4:11). En el relato de Marcos se da a entender que los ángeles lo atendieron al final de aquel intenso tiempo de prueba. Victorioso sobre el pecado, Jesús recibió la ayuda y el aliento que ellos le ofrecieron.

¡Qué privilegio para esos ángeles! Ser testigos de la victoria de su Maestro sobre el pecado y la tentación, y luego tener el honor de servirle.

Y lo mismo sucede con nosotros. Jesús se identificó contigo en la tentación, y aun así permaneció sin mancha, como el Hijo de Dios. Ahora, Él nos llama a contemplar su victoria y a servirle con fidelidad.

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Categories: Devocional Semanal
David Guzik:

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