Incluso su propia familia pensó que Jesús estaba loco

Y se agolpó de nuevo la gente, de modo que ellos ni aun podían comer pan. Cuando lo oyeron los suyos, vinieron para prenderle; porque decían: Está fuera de sí (Marcos 3:20-21).

Marcos no pierde tiempo ni palabras en su relato de la vida de Jesús. Para cuando llegamos al capítulo 3, grandes multitudes ya lo seguían. En este pasaje, Marcos describe cómo la gente se agolpaba de tal manera alrededor de Jesús y sus discípulos, que ni siquiera podían comer. La multitud era tan numerosa y demandante, que no les quedaba ni espacio ni tiempo para sentarse a la mesa.

Uno pensaría que algo así llenaría de orgullo a su familia. María, la madre de Jesús, seguía con vida, y Él tenía hermanos y hermanas (Marcos 6:3). ¿No habrían de alegrarse al ver que su hermano estaba haciendo tanto bien y que cada vez era más conocido por ello?

Pero no fue así. No estaban contentos, ni se sentían orgullosos. Por el contrario, los suyos —su familia y, quizá, algunos amigos cercanos—, aquellos que lo conocían desde antes de que se hiciera tan popular, dijeron que estaba loco.

Así lo cuenta Marcos: porque decían: Está fuera de sí. Pero Jesús fue el hombre más sensato y equilibrado que jamás haya pisado esta tierra. ¿Cómo es que personas tan cercanas a Él llegaron a pensar que había perdido la razón? Puedo imaginar varias razones por las que los suyos llegaron a esa conclusión:

– Dejó un negocio próspero para convertirse en predicador itinerante.
– Los líderes religiosos y políticos planeaban asesinarlo, y aun así no daba marcha atrás (Marcos 3:6). Su familia temía por su vida.
– Multitudes enormes lo seguían, y sabían que la fama y la atención pueden nublar el juicio de cualquiera (Marcos 3:7-8).
– Escogió a un grupo de discípulos tan poco convencional, que su criterio parecía, cuando menos, cuestionable (Marcos 3:13-19).
– Y para colmo, las exigencias de su ministerio eran tales que ni siquiera tenía tiempo para comer (de modo que ellos ni aun podían comer).

Jesús enfrentaba constantemente el rechazo de los líderes religiosos y políticos, y en cierto sentido el odio de estos tenía lógica: Él representaba una amenaza para su poder y sus privilegios. Pero sin duda, le resultaba mucho más doloroso y difícil enfrentar el rechazo de los suyos. No es fácil ser profundamente incomprendido cuando uno busca caminar con Dios. Cuando Jesús dijo que los enemigos de un hombre serán los de su propia casa (Mateo 10:36), hablaba desde su propia experiencia.

Los hermanos de Jesús no creyeron en Él sino hasta después de su resurrección. Durante su ministerio en la tierra, más bien se mostraron escépticos y en desacuerdo con Él (Juan 7:3-5).

Hoy, tantos años después, no pensamos que Jesús estuviera loco. Más bien, nos parece increíble que los suyos hayan dicho tal cosa. Al final, lo que cada uno piensa acerca de Jesús dice más sobre sí mismo que sobre Él. Porque Él sigue siendo, por siempre, el Hijo de Dios y Dios el Hijo.

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Categories: Devocional Semanal
David Guzik:

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