La comida sencilla y sobreabundante

Entonces tomó los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió los panes, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante; y repartió los dos peces entre todos. Y comieron todos, y se saciaron. Y recogieron de los pedazos doce cestas llenas, y de lo que sobró de los peces. Y los que comieron eran cinco mil hombres (Mark 6:41-44).

Una gran multitud había seguido a Jesús, escuchando sus enseñanzas y asombrándose de los milagros que hacía. Ahora la gente tenía hambre; los discípulos querían enviarlos a casa, pero Jesús quería alimentarlos.

Ellos calcularon rápidamente que se necesitaría el equivalente a un año de salario para alimentarlos a todos, y lo único que se les ocurrió fue decirles que se fueran. Su solución consistía en eliminar la necesidad eliminando a los necesitados. Estaban convencidos de que gastar un año de ingresos para dar de comer a esta multitud, en una sola comida, no solo era imposible, sino también un desperdicio.

La propuesta de Jesús debió de parecerles demasiado extravagante. “Jesús, si tuviéramos esa cantidad de dinero, jamás la gastaríamos en una comida para esta multitud. Son molestos y, en unas horas, volverán a tener hambre. ¿No sería mejor usar ese dinero en otra cosa?”. Pero Jesús estaba por hacer un milagro sobreabundante, porque quería sentarse a cenar con esa multitud… pues los amaba.

Cuando Jesús levantó los ojos al cielo y bendijo antes de la comida, no bendijo los alimentos, sino quebendijo a Dios por proveerlos. La idea de orar antes de comer no es bendecir la comida, sino bendecir a Dios: agradecerle y honrarle por habernos bendecido con ella.

La bendición fue tan grande que comieron todos, y se saciaron. Jesús multiplicó milagrosamente los panes y los peces hasta que mucho más de cinco mil personas fueron alimentadas. Al parecer, el milagro sucedió en las manos de Jesús.

Podría parecer extravagante. ¿Por qué alimentar a la multitud hasta que quedara completamente satisfecha? ¿por qué no darles solo un bocado? ¿no habría sido suficiente? No. Jesús tenía invitados a su mesa, y siempre provee más que suficiente. Así de grande era –y es– su amor por ellos y por nosotros.

Jesús proveyó sobreabundantemente, pero de manera sencilla. Si Él estaba creando comida de forma milagrosa, bien podría haber servido carne y mariscos; sin embargo, les dio un menú simple: pan y pescado. Cuando Jesús provee, no te sorprendas si lo hace de manera sencilla.

Si alguien se fue con hambre, fue porque no quiso recibir el pan de Jesús o porque los apóstoles no lo distribuyeron a todos. Jesús dio lo suficiente para que todos comieran bien, pero cada uno tenía que alimentarse por sí mismo. A veces, al participar en un banquete espiritual, recogemos alimento para otros, pero no para nosotros mismos.

Por fe, recibe hoy lo que Jesús te ofrece: Él mismo, el pan de vida.

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Categories: Devocional Semanal
David Guzik:

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