Y les decía: La mies a la verdad es mucha, mas los obreros pocos; por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies. Id; he aquí yo os envío como corderos en medio de lobos (Lucas 10:2-3)
Jesús estaba preparando a un grupo más amplio de setenta seguidores para que llevaran su mensaje por la región de Galilea. Para mostrarles la magnitud de la tarea, usó la analogía de un campo de grano listo para la cosecha: la mies a la verdad es mucha. Jesús hablaba con un sentido claro de urgencia, porque veía a la multitud como un campo ya maduro, listo para ser cosechado. Percibía la enorme necesidad humana y la entendía como una oportunidad.
Según la imagen que Jesús presentó, tanto el campo como la mies eran enormes. Y no era la primera vez que hablaba así; en otra ocasión y en un lugar distinto, había dicho prácticamente lo mismo (Mateo 9:37-38). Quizá era una de esas frases que Él repetía a menudo, algo que observaba con frecuencia y que formaba parte de su enseñanza habitual.
Esto sigue siendo cierto: la mies es mucha, y también sigue siendo cierto que los obreros son pocos. Esto no solo significa que se necesitan más trabajadores, sino que quienes ya están en la obra deben mantener el enfoque. Cuando hay mucho por hacer y pocos para hacerlo, es evidente que uno debe trabajar con dedicación.
Esta es una cosecha que necesita obreros. Una buena cosecha puede echarse a perder si no hay quien aproveche su abundancia. Jesús advirtió que, por falta de obreros, pueden llegar a perderse oportunidades valiosas para atender la necesidad humana y traer a las personas a su reino.
Con esto en mente, Jesús les dijo: “rogad al Señor de la mies”. La tarea que tenían por delante era tan grande que no podía realizarse sin mucha oración. En particular, debían rogar al Señor de la mies que envíe obreros a su mies. Esta instrucción deja claro:
– La necesidad de orar en la obra evangelística (por tanto, rogad).
– Quién es el creador de la cosecha (el Señor de la mies).
– La necesidad de obreros en la obra evangelística (obreros).
– El llamado de Dios para la obra de la cosecha (envíe).
– La naturaleza del trabajo y participación en la cosecha (obreros).
– La importancia de reconocer a quién pertenece la cosecha (Señor de la mies).
Jesús también los envió como corderos en medio de lobos. Aunque la imagen no parezca alentadora, fue de esa misma forma que Él fue enviado, y allí el poder de Dios obró en Él con gran fuerza.
Busca cómo puede usarte Dios para avanzar su gran cosecha en el mundo hoy. Eres un obrero entre muchos, y oramos para que Él envíe todavía a más. Aun así, la tarea que Jesús nos da es importante, y cada uno debe asumir la parte que le toca.
Es su mies — ¡alabado sea Dios, Él nos da trabajo en su campo!
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