Verdaderamente libres

Le respondieron: Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Seréis libres? Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado. Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre. Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres (Juan 8:33-36).

Algunas personas son buenas para mentirles a otros, pero muchas veces las mentiras más dañinas son las que se dicen a sí mismas. Engañarse es algo muy real, y tiene un poder inquietante. En este pasaje, Jesús les ofrece verdadera libertad a los líderes religiosos judíos, una libertad que solo se encuentra en Él. Pero ellos le respondieron insistiendo en que nunca habían sido esclavos de nadie. Decían que eran libres y que siempre lo habían sido, pero al parecer habían olvidado que habían estado bajo el dominio de los egipcios, los persas, los sirios y los romanos. Esto deja ver que una persona puede vivir en esclavitud y aun así engañarse pensando que es libre.

Pero había algo mucho peor que su esclavitud a otros pueblos en el pasado: la que tenían en ese momento, su esclavitud al pecado. Esa es la peor de todas, porque no hay forma de escapar de uno mismo. No puedes irte a otro lugar para dejarla atrás. A donde vayas, te llevas contigo. La única salida es que el Hijo de Dios, Jesucristo, te haga libre.

Aquí Jesús pone en contraste una libertad que existe solo de nombre con la libertad real que Él ofrece en sí mismo. Hay personas que hablan de la libertad y entienden algo de ella como idea, pero para ellas la libertad es solo una palabra, no una realidad.

Hace años, una mujer cristiana ya mayor de Hong Kong contaba cómo había sido su vida en la China continental, y todavía usaba mucho del vocabulario de los comunistas. Ellos llamaban a su revolución opresiva “la liberación”. En una ocasión le preguntaron: “Cuando estabas en China, ¿eras libre de reunirte con otros cristianos para adorar?” “Oh no”, respondió. “Desde la liberación, nadie puede reunirse para servicios cristianos”. “Pero al menos podían juntarse en grupos pequeños y hablar de la fe, ¿no?” “No, no podíamos”, contestó, “desde la liberación, todas esas reuniones están prohibidas”. “¿Y eras libre de leer la Biblia?” “Desde la liberación, nadie es libre de leer la Biblia”. Eso no tiene nada de liberación.

El punto es claro: la libertad no está en la palabra “libertad” ni en lo que se diga de ella, sino en una relación con Jesucristo, al permanecer en su palabra. Cuando Jesús te hace libre, realmente eres libre.

¿Eres libre del pecado en tu vida o sigues en esclavitud? Hoy acércate a Jesús, porque Él puede hacerte libre. Tú no puedes hacerlo por ti mismo. Un gobierno no puede librarte del pecado. Un programa tampoco.

Solo Jesús te hace verdaderamente libre.

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Categories: Devocional Semanal
David Guzik:

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