Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de este se avergonzará el Hijo del Hombre cuando venga en su gloria, y en la del Padre, y de los santos ángeles (Lucas 9:26).

Jesús hizo un llamado radical a todo el que quisiera seguirlo y ser su discípulo. Invitó a las personas a hallar la vida en Él al entregarla (Lucas 9:24), y advirtió sobre la necedad de ganar el mundo entero y aun así perder el alma (Lucas 9:25). Estar dispuestos a renunciar a todo por causa de Jesús es el camino hacia una vida verdaderamente plena y abundante en Él.

Avergonzarse de Jesús

Después, Jesús dijo algo sorprendente: “el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de este se avergonzará el Hijo del Hombre cuando venga en su gloria”. No es fácil rendirlo todo y seguir a Jesús; significa identificarse con alguien que fue despreciado y ejecutado en una cruel cruz. Pero si nos avergonzamos de Él, Él también se avergonzará de nosotros.

En un muro de la antigua Roma —quizá hacia el año 200 d. C.— se halló un grafito que muestra a un hombre adorando a un crucificado con cabeza de asno. La inscripción junto a la imagen dice: “Alexámenos adora a su dios”, con clara intención de burlarse de un cristiano.

Aquel creyente, Alexámenos, fue objeto de burla y tuvo que decidir: ¿me avergonzaré de Jesús o no? De una u otra forma, todos enfrentamos la misma decisión.

No es de extrañar que algunos se avergonzaran de Jesús en los días de su ministerio en la tierra, pero resulta asombroso que alguien pueda avergonzarse de Él hoy. Ahora lo vemos revelado en la plenitud de su amor sacrificial, en el poder de su resurrección y en la gloria de su ascensión al cielo, donde es honrado, ama e intercede por su pueblo.

¿Quién podría avergonzarse de eso?

Y, sin embargo, algunos lo hacen. Quien se avergüenza de Jesús en realidad cree en Él —pues nadie puede avergonzarse de aquello en lo que no cree—, pero no encuentra satisfacción ni seguridad en su fe. Avergonzarse es no querer ser visto junto a alguien en público, y muchos temen identificarse abiertamente con Él. Avergonzarse es callar cuando se debería hablar de Él, o evitar toda relación con su nombre cuando parece más fácil quedarse al margen.

Algunos se avergüenzan por miedo; otros, por presión social o por orgullo intelectual o cultural. Y, si somos sinceros, esa vergüenza resulta algo extraño.

Este es un llamado radical a rendirle una lealtad personal a Jesús. Quiso saber si nos avergonzaríamos de Él o de sus palabras. Si no fuera Dios, ese llamado sería idolatría; pero, como Él es Dios, es una invitación a adorarlo.

Querido amigo, ¿te has avergonzado alguna vez de Jesucristo? Si es así, arrepiéntete con humildad de esa vergüenza injustificada hacia tu maravilloso Salvador. Con su ayuda y por su poder, vive con valentía para Cristo Jesús.

Haz clic aquí para ver el comentario de David sobre Lucas 9