Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego, y le dijo: Ve a lavarte en el estanque de Siloé (que traducido es, Enviado). Fue entonces, y se lavó, y regresó viendo (Juan 9:6-7).
En Juan 9, Jesús y sus discípulos vieron a un hombre ciego de nacimiento. Los discípulos lo vieron como un problema teológico y le preguntaron a Jesús si su ceguera era resultado de su propio pecado o del pecado de sus padres. Muchas veces suponemos que, cuando alguien sufre de manera extraordinaria, también debe haber un pecado extraordinario detrás. Pero Jesús no vio al hombre como un problema teológico; vio a una persona que sufría y necesitaba ayuda.
Entonces Jesús sanó al hombre, y lo hizo de una manera muy inusual. Escupió en la tierra, hizo lodo con la saliva y le dijo al hombre que fuera a lavarse los ojos en el estanque de Siloé. Jesús tomó la iniciativa, pero esperaba que el hombre respondiera con fe. El hombre hizo lo que Jesús le dijo y fue sanado.
La Biblia no registra que antes de Jesús algún profeta, sacerdote o apóstol hubiera dado vista a los ciegos, pero este fue uno de los milagros que Él hizo con más frecuencia. Esto demuestra que Jesús es Dios, porque el Señor dice tener el poder de dar vista a los ciegos (Salmo 146:8; Isaías 35:5).
Pero ¿por qué, en esta ocasión, Jesús sanó de una manera tan inusual? Una razón es que Jesús variaba intencionalmente sus métodos para no establecer una fórmula. Su poder no estaba en alguna técnica, sino en Él mismo. Aquí, Jesús usó el polvo de la tierra para hacer una obra de creación en el hombre, tal como Dios lo hizo en Génesis 2:7.
Algunos podrían cuestionar la manera en que Jesús hizo este milagro. Poner saliva y tierra en los ojos de un hombre ciertamente era algo muy fuera de lo común. Algunos podrían decir que era ofensivo, insuficiente o incluso dañino.
Hay personas que sienten que el evangelio es ofensivo. Y es verdad que hiere el orgullo humano y desafía la sabiduría del hombre, pero “agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación” (1 Corintios 1:21).
De la misma manera, algunas personas sienten que el evangelio es insuficiente. Sin embargo, ¿puede alguien decir que todos los programas psiquiátricos, políticos y sociales del mundo han hecho más bien que el evangelio de Jesucristo, que transforma vidas? Jesús verdaderamente es suficiente.
También hay personas que sienten que el evangelio es dañino; que recibir libremente la gracia de Jesús hará que las personas pequen para que la gracia abunde aún más. Sin embargo, el evangelio transforma nuestra vida hacia lo bueno y lo puro, no hacia más pecado.
Deja que Dios haga su obra renovadora en tu vida, aun cuando la manera parezca extraña.



