Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido (Juan 15:11).

Antes, a la gente le preocupaba mucho más saber si estaba bien con Dios y tener la certeza de que iba al cielo. Hoy parece que esas preocupaciones han pasado a segundo plano y que lo que más importa es simplemente ser feliz.

Es cierto que lo que normalmente entendemos por “felicidad” no es exactamente lo mismo que el gozo del que Jesús habla aquí, aunque sí están relacionados. Alguien puede verse feliz por fuera y no tener el gozo de Jesús. Pero quien tiene su gozo, por lo general también será una persona feliz.

Jesús relacionó este gozo con lo que acababa de decir (estas cosas os he hablado). Habló de permanecer en su amor y de guardar sus mandamientos. Cuando un discípulo no permanece en el amor de Jesús y, por lo tanto, no guarda sus mandamientos, no experimentará la plenitud de gozo que Jesús prometió a quienes sí permanecen en su amor y viven en obediencia.

Por eso, el creyente que no vive en el amor de Jesús ni camina en obediencia a Él no llegará a conocer realmente el gozo de Jesús. A veces, las personas más miserables que encontrarás son cristianos desobedientes, personas que se han alejado de la experiencia de su amor.

Pero cuando los discípulos viven de acuerdo con lo que Jesús enseñó, reciben su gozo (para que mi gozo esté en vosotros). El gozo de Jesús no es lo mismo que lo que normalmente entendemos por felicidad o entusiasmo. El gozo de Jesús no es el placer de una vida cómoda; nace de saber que estamos bien con Dios y de caminar conscientemente en su amor y cuidado. Podemos tener ese gozo —podemos tener su gozo— y disfrutarlo como una presencia permanente en nuestra vida.

Cuando Jesús habló de su gozo, los discípulos entendieron a qué se refería. No dijeron: “Jesús, no pareces una persona muy feliz o muy alegre. No creo que quisiéramos tu gozo”. Ellos sabían que Jesús era un hombre lleno de gozo, y lo veían constantemente en su vida. Jesús no podría habernos prometido plenitud de gozo si primero no hubiera sido una realidad en su propia vida.

Jesús hizo una promesa extraordinaria a todos sus discípulos. Si vivimos de la manera que Él describe en este gran pasaje (Juan 14–16) y permanecemos en su amor, tendremos más que gozo. Tendremos plenitud de gozo. Esto no significa que cada momento de cada día estará lleno de risas despreocupadas. Tampoco significa que al discípulo que permanece en el amor de Jesús se le promete una vida sin tristeza ni aflicción.

Esto significa que, en Jesucristo, tenemos una paz duradera, contentamiento, optimismo y alegría que el mundo no puede darnos y que tampoco puede quitarnos. Hoy puedes recibir el gozo de Jesús.

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