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Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz; el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo (Colosenses 1:12-13).
El apóstol Pablo oró por los cristianos de la antigua ciudad de Colosas. En su oración, dio gracias a Dios Padre por lo que estaba haciendo en aquellos creyentes.
Pablo dirigió estas palabras a los creyentes, es decir, a quienes han puesto toda su confianza en la persona y la obra de Jesucristo. Dio gracias a Dios Padre porque nos ha hecho aptos para participar de la herencia de los santos. Esto incluye a todos los que confiamos en Jesús. Dios hace apto a su pueblo por su misericordia y su gracia. Nuestras buenas obras y nuestros logros espirituales jamás podrían conseguirlo.
Cuando Dios llama a los suyos a vivir en la luz, los libra de la potestad de las tinieblas. En otras palabras, los cristianos hemos sido librados del dominio de Satanás. Esta misma expresión aparece en Lucas 22:53, donde Jesús habló de las tinieblas que rodearon su arresto y sus padecimientos. Dios y su pueblo tienen enemigos espirituales, y esos enemigos tienen poder. Por eso necesitamos ser rescatados de la potestad de las tinieblas.
Los efectos de la potestad de las tinieblas son fáciles de reconocer. En quienes hemos sido librados de ella, su influencia debería notarse cada vez menos. Pensemos en lo bien que las tinieblas representan al maligno y su manera de obrar.
— La potestad de las tinieblas nos adormece. Los creyentes, en cambio, debemos mantenernos despiertos.
— La potestad de las tinieblas sabe ocultar muy bien las cosas. Nosotros debemos llevar una vida transparente.
— La potestad de las tinieblas llena al ser humano de aflicción y desaliento. Nosotros debemos vivir con el gozo que viene de Dios.
— La potestad de las tinieblas suele ocultar el mal. Los creyentes, en cambio, debemos vivir en la luz.
Dios nos sacó del dominio de las tinieblas y nos trasladó al reino de su amado Hijo. Pablo eligió precisamente la palabra “trasladado” para describir lo que Dios hizo. William Barclay explica que este término tenía un significado especial en el mundo antiguo. Cuando un imperio conquistaba a otro, era costumbre que el vencedor se llevara a toda la población del imperio derrotado y establecerla en sus propias tierras. Esa es la imagen que Pablo tenía en mente cuando dijo que Dios nos trasladó a su reino. Ahora, todo lo que tenemos y todo lo que somos le pertenece.
Recuerda que en Jesucristo has sido librado de la potestad de las tinieblas. Satanás puede tentarte, pero ya no tiene dominio sobre ti. Puede atacarnos y debemos resistirlo, pero no somos sus esclavos. El enemigo de nuestra alma no nos gobierna ni tiene derecho alguno sobre el creyente. No le debemos obediencia a Satanás. ¡Hemos sido librados de su poder!
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