Y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales. (Efesios 1:19-20)
En este pasaje de Efesios, Pablo ora con el anhelo de que el pueblo de Dios llegue a conocer varias cosas. Una de ellas es la grandeza del poder de Dios para con los que creen.
Este es el mismo poder de su fuerza que levantó a Jesús de entre los muertos. Si su muerte es la máxima demostración del amor de Dios, entonces su resurrección es la máxima demostración de su poder.
Podríamos decir que la resurrección tiene que ver, en el fondo, con el poder. La cruz muestra el amor; pero el amor sin poder no es suficiente. Sin poder, el amor puede ser noble o bien intencionado, pero no basta. Necesitamos tanto el amor de Dios como su poder, y la resurrección muestra que el amor sacrificial de Dios está lleno de poder.
El gran poder de Dios dio vida a lo que estaba muerto, pero no se detuvo en la resurrección de Jesús. Ese mismo poder lo levantó a los cielos y lo puso por encima de todo enemigo y de toda fuerza espiritual.
Este poder —el que levantó a Jesús de entre los muertos y lo llevó a los cielos— es el mismo poder para los que creen. ¿Qué se puede decir de él?
Este poder es mayor que el peor mal que puede producir la humanidad. Jesús fue sometido a lo peor del ser humano cuando fue crucificado; sin embargo, el poder de la resurrección lo hizo triunfar sobre todo. No importa cuán grande sea la maldad del hombre, Dios es mayor.
Este poder trae sanidad. Cuando Jesús resucitó, ya no sufría por sus heridas, aunque todavía eran visibles en su cuerpo. El poder de la resurrección es poder que sana.
Este poder es para nosotros, los que creemos, según Efesios 1:19. Podríamos pensar que es para quienes hacen grandes cosas o han alcanzado algún nivel espiritual elevado o místico. Pero eso no es lo que dice la Biblia; es para quienes simplemente creen.
Este poder es para seguir viviendo, no solo para una experiencia única de resurrección. No solo levantó a Jesús de entre los muertos, sino que lo elevó de manera permanente por encima de todo enemigo y toda fuerza espiritual. Es un poder constante, no algo momentáneo que se agota después de usarse.
La maravillosa verdad que Pablo explica en Efesios 1 es que el poder de la resurrección es para el pueblo de Dios, para los que creen hoy. No es solo para cuando mueran; Dios quiere que el mismo poder que levantó a Jesús de entre los muertos esté activo en su pueblo ahora. Es para nosotros los que creemos: cree y recíbelo hoy.
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