Perdidos y encontrados

¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una dracma, no enciende la lámpara, y barre la casa, y busca con diligencia hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, diciendo: Gozaos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido.  Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente (Lucas 15:8-10).

En Lucas 15, Jesús contó tres historias con la misma idea central: mostrar la alegría de Dios —y de todo el cielo— cuando los perdidos son encontrados. Habló de la oveja perdida (Lucas 15:4–7), la moneda perdida (Lucas 15:8–10) y el hijo perdido (Lucas 15:11–32).

En la historia de la moneda perdida, Jesús habla de una mujer que pierde una de sus diez dracmas. Un comentarista señala que, según una costumbre de la época, estas monedas se llevaban unidas en una cadena de plata alrededor de la cabeza como señal de que la mujer era casada. Era un adorno valioso, lo que hacía la pérdida todavía más dolorosa.

La moneda estaba perdida, pero seguía siendo de la mujer, y ella salió a buscar lo que legítimamente le pertenecía. En ese sentido, aun quienes están perdidos siguen siendo de Dios, lo sepan o no.

En su búsqueda, la mujer primero encendió una lámpara; luego barrió y limpió la casa, mientras buscaba la moneda con diligencia y de manera intencional. No se detuvo hasta encontrarla.

Bajo la bendición de Dios, así es como la iglesia, guiada por el Espíritu Santo, busca a las almas perdidas: primero hace brillar la luz de la Palabra de Dios, luego barre su propio espacio y, finalmente, busca con diligencia a quienes están lejos.

Cuando por fin encuentra la moneda, la mujer se llena de alegría y se lo comparte a sus vecinas: Gozaos conmigo. De la misma forma, Dios se alegra cuando los pecadores se arrepienten, a diferencia de los líderes religiosos que se quejaban cuando los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo (Lucas 15:1–3).

No siempre pensamos en Dios como alguien que se alegra, pero este pasaje nos muestra que sí lo hace, y también nos dice qué es lo que le produce gozo. Otros textos refuerzan esta idea: Y como el gozo del esposo con la esposa, así se gozará contigo el Dios tuyo (Isaías 62:5). Jehová está en medio de ti, poderoso, él salvará; se gozará sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre ti con cánticos. (Sofonías 3:17).

Según William Barclay, muchos de los religiosos de la época de Jesús pensaban de manera muy distinta, e incluso tenían un dicho: “Habrá gozo en el cielo por un pecador que es apartado de la presencia de Dios”. Hoy, los cristianos deben tener cuidado de no transmitir la misma idea, especialmente en su —a menudo necesario— celo por hablar contra pecados que la cultura celebra. Dios y todo el cielo se alegran cuando los perdidos son encontrados; así también debería alegrarse su pueblo.

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Categories: Devocional Semanal
David Guzik:

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