Cuando terminó de hablar, dijo a Simón:
—Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar.
Respondiendo Simón, le dijo:
—Maestro, toda la noche hemos estado trabajando y nada hemos pescado; pero en tu palabra echaré la red. (Lucas 5:4-5)
Simón Pedro y varios de los otros discípulos habían estado pescando toda la noche sin éxito. Por la mañana, Jesús quiso usar su barca como un púlpito improvisado. Había tanta gente que se agolpaba en la orilla del lago para escucharlo, que resultaba mejor para el Salvador sentarse en la barca y enseñar desde allí.
Después de enseñar, Jesús le dijo a Simón Pedro: “Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar”. Quería hacerle un bien a Simón, quien le había prestado su barca. Pedro no podía darle algo a Jesús sin que Jesús le devolviera mucho más.
Por lo que se entiende, Jesús seguía en la barca cuando dio la instrucción. En el versículo 3 Él está allí, y parece que también lo estaba en el versículo 4. Su presencia les daba confianza a los discípulos, Él estaba con ellos cuando les pidió remar mar adentro y volver a intentarlo.
Con el mayor respeto, y usando el título Maestro, Simón Pedro le explicó a Jesús que no tenía mucho sentido pescar durante el día, cuando la luz del sol hacía que los peces se hundieran más en el agua. Ya habían trabajado toda la noche sin atrapar nada; no había muchas razones para esperar un resultado distinto bajo la luz del día.
Entonces Simón Pedro dijo algo extraordinario: “pero en tu palabra echaré la red”. Aunque no parecía lógico, decidió hacerlo. Podemos imaginar todas las excusas que pudo haber dado:
“He trabajado toda la noche y estoy cansado”.
“Sé mucho más de pesca que un carpintero”.
“La mejor pesca es de noche, no de día”.
“Con tanta gente y tanto ruido, los peces ya se espantaron”.
“Ya lavamos las redes”.
“Jesús sabrá de religión, pero no de pesca”.
Sin embargo, Pedro dijo: “en tu palabra echaré la red”. Fue una gran declaración de fe, una muestra de confianza en la palabra de Jesús. Y esa fe fue recompensada: Pedro recogió una enorme cantidad de peces.
El pueblo de Dios, a lo largo de los siglos, ha vivido y avanzado con esa misma confianza en la palabra de Jesús. Todos podemos decirle:
En tu palabra hubo luz.
En tu palabra fueron creados el sol, la luna, las estrellas y los planetas.
En tu palabra surgió la vida en la tierra.
En tu palabra la creación se sostiene y permanece.
En tu palabra los imperios se levantan y caen; la historia cumple tu gran plan.
Es frustrante trabajar sin ver resultados. Cuando llegues a ese punto, confía en la palabra de Jesús y deja que Él dirija tu servicio.
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