Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras? (Lucas 24:32).

Jesús murió en la cruz como sacrificio sustituto por su pueblo, por todos los que ponen su confianza en Él. Resucitó gloriosamente de entre los muertos y comenzó a aparecerse a sus discípulos. Una de las apariciones más interesantes se relata en Lucas 24:13–35, cuando Jesús se presentó a dos discípulos cuyo nombre no se menciona, mientras iban por el camino entre Jerusalén y Emaús.

Biblias abiertas, corazones ardientes

Jesús caminó con ellos por un tiempo, escuchándolos mientras hablaban de todo lo que había sucedido en los últimos días con Jesús y con sus seguidores. Con tristeza le contaron lo ocurrido y terminaron expresando su incertidumbre ante los informes acerca de su resurrección.

Entonces Jesús les dijo: ¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho!  ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria? (Lucas 24:25-26).

Estas palabras debieron sorprender a los discípulos, pero lo que oyeron después fue todavía más asombroso. Lucas 24:27 dice: Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían.

Jesús comenzó a enseñarles lo que seguramente fue uno de los estudios bíblicos más extraordinarios jamás impartidos. Comenzando desde Moisés y siguiendo por todos los Profetas, les habló acerca del Mesías. No tenemos un registro de esa enseñanza, pero quizá Jesús les mostró que el Mesías era:

La simiente de la mujer, cuyo talón sería herido.
La bendición de Abraham para todas las naciones.
El sumo sacerdote según el orden de Melquisedec.
El varón que luchó con Jacob.
El león de la tribu de Judá.
La voz que habló desde la zarza ardiente.
El cordero pascual.
El profeta mayor que Moisés.
El príncipe del ejército de Jehová que se apareció a Josué.
El pariente redentor mencionado en Rut.
El hijo de David, rey mayor que David.
El salvador sufriente del Salmo 22.
El buen pastor del Salmo 23.
La sabiduría de Proverbios y el amado del Cantar de los Cantares.
El salvador anunciado por los profetas y el siervo sufriente de Isaías 53.
El mesías príncipe de Daniel, que establecería un reino que no sería jamás destruido.

Después de aquel estudio bíblico, pronto comprendieron que su notable invitado era Jesús, y entonces desapareció de su vista. Cuando Él se fue, se dijeron el uno al otro: “¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?”.

La palabra de Dios, traída a nosotros por Jesús mismo, puede producir ese mismo efecto en el corazón, aun cuando no sepamos que es Él quien está haciendo esa obra. Ninguno de los que iban camino a Emaús sabía que el corazón del otro ardía hasta que Jesús se fue. Después de eso, pudieron unirse en una comunidad de corazones ardientes.

Reconoce la presencia de Jesús, recibe su palabra y deja que Él te explique las Escrituras. Puedes unirte a la comunidad de los corazones ardientes.

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